“La mina está viva”, afirmó uno de los representantes de Escondida al recibir a Clarín en Antofagasta, en el norte de Chile, durante una visita exclusiva a la operación. Cada día, precisaron, se desplazan toneladas de material equivalentes a 11 veces el cerro San Cristóbal, la emblemática postal de Santiago de Chile, que tiene 880 metros de altura sobre el nivel del mar y una extensión de 722 hectáreas.

Esta afirmación cobra sentido al analizar los números: Escondida, propiedad mayoritaria de la australiana BHP (57,5%), junto a Río Tinto (30%) y las firmas JECO Corp. y JECO 2 Ltd. (12,5% en conjunto), produjo en 2025 un total de 1,26 millones de toneladas de cobre, más del doble que la segunda mina productora del ranking mundial.
Se trata, por amplio margen, de la mina de cobre más grande del mundo, ubicada en el desierto de Atacama, a 3.100 metros sobre el nivel del mar y a apenas 90 kilómetros de la frontera con Argentina.
Y lo será por muchos años. La producción proyectada por Vicuña, el joint venture que BHP tiene con la canadiense Lundin Mining en San Juan, es comparable con la de la segunda mina del ranking global, un dato que permite dimensionar la escala del proyecto argentino.
Más allá de las cifras de producción, la economía que genera Escondida supera el valor del mineral exportado, que alcanza los 14.000 millones de dólares anuales. En 2025, la empresa pagó en impuestos y royalties al Estado chileno más de 4.300 millones de dólares y efectuó compras y contrataciones a 1.892 proveedores por un total de 5.427 millones de dólares. Según indicaron a Clarín, el 95% de estas empresas son chilenas y solo el 5% extranjeras.
Desde 2019, Escondida implementa un “Programa de Compra Local” con condiciones favorables para las pequeñas y medianas empresas de la zona, como el pago a siete días. En Chile, este tipo de iniciativas responde a políticas empresariales, sin estar respaldadas por obligación legal.
En Argentina, en cambio, el Régimen de Incentivos al Desarrollo de Proyectos Mineros (RIGI) establece un piso del 20% de compra nacional. Algunas provincias como Salta, Catamarca y San Juan, que aún no producen cobre pero cuentan con proyectos en carpeta, han avanzado con marcos normativos que exigen entre un 60% y 70% de compra provincial.
El impacto económico también se refleja fuera de la mina: Antofagasta, ciudad de 400.000 habitantes, registra actualmente 30 vuelos diarios. En Argentina, excluyendo Buenos Aires que solo se compara en conectividad con Santiago, solo Bariloche posee un nivel de conectividad aérea similar, aunque no de manera estable durante todo el año. Este dato refleja el dinamismo económico que una operación minera de esta escala genera en su entorno.
El nombre “Escondida” no es casual. Durante casi diez años, diversas compañías, incluida la estatal chilena Codelco, exploraron esa zona del desierto sin hallar recursos significativos, hasta que el yacimiento emergió en los últimos 250 metros del presupuesto disponible de una firma estadounidense en búsqueda. Actualmente, la mina cuenta con dos rajos abiertos (open pit). El principal mide 3,5 km de largo, 2 km de ancho y 900 metros de profundidad, siendo la operación a cielo abierto más profunda de Chile y probablemente del mundo.
La producción comenzó en 1991 con una sola planta concentradora y desde entonces se han extraído más de 34 millones de toneladas de cobre. En su apogeo, la mina representó más del 3% del Producto Bruto Interno (PBI) chileno. En 2015 se incorporaron dos plantas adicionales, convirtiendo a Escondida en la primera mina del mundo en operar tres concentradoras simultáneamente, con una capacidad combinada de 460.000 toneladas por día, suficiente para fabricar alrededor de 25.000 automóviles eléctricos, según la empresa.
El concentrado de cobre representa el 80% de la producción y es transportado hasta Puerto Coloso mediante un mineroducto de 170 km con una capacidad anual de unos 4 millones de toneladas, una infraestructura que revolucionó la industria minera en la década de 1990. El 20% restante se procesa como cátodos, planchas de cobre casi listas para su uso industrial, que recorren 216 km en tren hacia el puerto de Antofagasta.
La propiedad de Escondida ocupa 40.000 hectáreas, una superficie comparable a la del Gran Santiago, y cuenta con cuatro campamentos que suman más de 9.300 habitaciones, denominado por sus empleados como “el hotel más grande de Chile”. La operación emplea a más de 10.000 personas—4.000 de forma directa y 6.000 vía contratistas—muchas de las cuales han desarrollado toda su carrera en la compañía. La gerencia de Producción de Mina está a cargo del ingeniero Luis Cáceres, que lleva 31 de los 35 años del proyecto trabajando en la empresa. Además, más del 45% del personal son mujeres, quienes ocupan más de la mitad de los puestos de liderazgo.
Este protagonismo femenino se evidenció durante la visita: la mayoría de quienes guiaron a Clarín fueron mujeres en todos los niveles. La gerencia de las plantas concentradoras está liderada por Olga Alfaro Toledo, la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de la minería chilena. El orgullo por este avance se refleja en diversos
Argentilandia Diario ★De Argentina Para El Mundo★
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora