La NASA informó este miércoles que el baño de la misión Artemis II ha vuelto a funcionar, aunque los reiterados problemas desde el lanzamiento evidencian que la exploración espacial aún no ha resuelto un desafío tan básico como realizar las necesidades fisiológicas y mantener la salud en un entorno sin gravedad, donde los fluidos flotan.

El inodoro de la nave Orión ha presentado fallas en el sistema de evacuación de aguas residuales, especialmente en la parte destinada a la orina, debido a una posible acumulación de hielo en la línea principal de ventilación. Esta situación generó olores desagradables y otros incidentes que llevaron a su clausura en varias ocasiones.
El astronauta canadiense Jeremy Hansen relató desde el control de misión que al abrir la puerta del baño, «el resto de la tripulación lo podía oler de inmediato».
Este sistema sanitario, conocido como Universal Waste Management System (UWMS), representa una tecnología de nueva generación desarrollada por la NASA con una inversión de 23 millones de dólares.
El reto de ir al baño sin gravedad
En la Tierra, la gravedad facilita que los fluidos y desechos se desplacen hacia abajo. Sin embargo, en el ambiente de microgravedad de la nave Orión, este proceso depende de ventiladores, sistemas de succión, embudos, mangueras, separadores de gas y líquido, además de contenedores herméticos.
Cuando alguno de estos componentes falla, el problema trasciende lo logístico, afectando la higiene a bordo, la moral de la tripulación y, en misiones prolongadas, la seguridad operativa.
La NASA ha utilizado la Estación Espacial Internacional como plataforma para probar el UWMS, pero ha reconocido problemas de fiabilidad en órbita durante los últimos años. No obstante, se han registrado avances significativos en comparación con las primeras misiones espaciales, como Mercury, Gemini y parte de Apolo, en las que los astronautas carecían de un baño propiamente dicho.
En aquellas misiones se empleaban dispositivos rudimentarios para la orina y bolsas adhesivas para los desechos sólidos, las cuales debían colocarse directamente sobre el cuerpo.
La experiencia de los astronautas
Un informe médico del programa Apolo definió la defecación en el espacio como «un total desastre» y «la única parte de la misión que lo hizo sentir como un salvaje». El proceso podía extenderse hasta 45 minutos debido a la dificultad que implicaba manejar la bolsa en condiciones de microgravedad.
Durante la misión Apolo 10, en 1969, ocurrió uno de los episodios más insólitos en la historia espacial. Según la transcripción oficial, el comandante Thomas Stafford exclamó: «Dame una servilleta rápido. Hay un excremento flotando por el aire». El piloto del módulo de mando, John Young, respondió con humor: «Yo no fui. No es mío», mientras que el piloto del módulo lunar, Eugene Cernan, añadió: «No creo que sea mío».
Aunque en la Tierra este suceso podría tomarse con humor, en el espacio representa un problema serio para los astronautas.
Con las misiones Skylab (1973-1974), el transbordador espacial y la Estación Espacial Internacional, la tecnología sanitaria mejoró, pero las dificultades persistieron.
El astronauta David Wolf relató que parte de su entrenamiento como relevo en la estación rusa Mir incluyó aprender a manejar el retrete, y que no siempre lo hizo con éxito.
Asimismo, William McArthur recordó que durante una misión del transbordador, el sistema sanitario se inundó tras una operación para purgar agua y aire, lo que hizo salir «como un galón de aguas negras» con un olor similar al de antiguos baños escolares donde alguien había orinado sobre un radiador caliente.
Estas complicaciones pueden afectar la salud de los astronautas. Un compendio de la NASA sobre la adaptación humana al espacio reportó que, hasta diciembre de 2020, se registraron 43 episodios de cálculos renales entre tripulantes y especialistas en carga, tanto antes como después de volar. También han ocurrido casos de sepsis derivadas de infecciones urinarias y renales.
El mismo documento advierte que la deshidratación es frecuente durante las misiones, lo que incrementa el riesgo de complicaciones.
Agencia EFE.
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