Daniel Germán Onega, conocido como el “Fantasma” o “Tito” para sus amigos, tiene 81 años y una memoria prodigiosa que atribuye a buenas vibras, caminatas diarias y el valor a la amistad y la familia. Se mantiene vigente en la historia del fútbol argentino como el máximo goleador en una sola edición de la Copa Libertadores, con 17 tantos, y es también el argentino con más goles en la competición (31). Su carrera lo llevó de ser un “9” goleador a un “10” armador, destacándose en ambas posiciones.

Onega vivió momentos trágicos, como la muerte de su hermano Ermindo, también futbolista y compañero de equipo, en un accidente vial cuyo relato conmueve por su crudeza. Asimismo, perdió a su hermana doce años después.
Desde 2002 se desempeña en la captación de talentos para River Plate, club del que es hincha desde niño y donde disputó 253 partidos y marcó 119 goles, posicionándose como el noveno goleador histórico del equipo. Fue testigo del origen del apodo “gallina” para River y de épocas en que la Selección Nacional tenía un bajo prestigio.
Nacido en Las Parejas, Santa Fe, Onega recuerda con nitidez su llegada a Buenos Aires y sus comienzos en River, destacando a figuras como Renato Cesarini, quien fue su mentor, y al propio Ermindo, a quien compara con un Zidane por su calidad y estilo. Su debut en Primera fue en febrero de 1966, en un partido de Copa Libertadores contra Boca Juniors.
Revive la final de la Libertadores de 1966 frente a Peñarol, un encuentro marcado por la tragedia y la polémica, donde River perdió tras un desempate en Chile. Ese partido también dio origen al apodo “gallina”, lanzado por un hincha rival.
Onega habla con cariño de sus entrenadores, especialmente Ángel Labruna y Toto Lorenzo, y rememora episodios difíciles como la huelga de futbolistas argentinos de 1971, que buscaba el reconocimiento laboral, y que le costó la salida de River. Vistió la camiseta de Racing a préstamo y más tarde jugó en España, en el Córdoba de Segunda División, y cerró su carrera en Millonarios de Colombia, donde ganó un título nacional.
Sobre su etapa en la Selección Argentina, reconoce la desorganización y las complicaciones de la época, y valora el cambio que introdujo Menotti. También menciona anécdotas del Mundial de 1966 y eliminatorias para México 1970.
Como scout de River, destaca la necesidad de buscar en los jóvenes inteligencia para elegir la mejor opción en el juego, más que solo talento técnico, y cuenta que Julián Álvarez fue uno de los prospectos a quienes descubrió. Critica la falta de refuerzos para un “9” en la etapa más reciente de River y celebra la llegada de técnicos como Coudet, que fomentan la comunicación con los jugadores.
Pese a su edad, Onega conserva su aguda memoria y vitalidad gracias a sus caminatas diarias y las relaciones duraderas con amigos de la infancia en Villa Urquiza, su barrio de siempre.
Por último, evalúa críticamente al actual presidente de la AFA, Claudio Tapia, afirmando que su mayor condena es social, dado que es insultado en casi todos los estadios, a pesar de haber sido campeón del mundo como parte de la selección Argentina. Sobre su histórico récord de 17 goles en una edición de la Copa Libertadores, dice que fue producto de jugar todos los partidos, mantenerse sano y contar con grandes compañeros que le brindaban las asistencias necesarias.
Daniel Onega encarna la historia viva del fútbol argentino, con una mirada profunda sobre su evolución, sus momentos oscuros y sus conquistas, siempre desde la pasión y el compromiso con River Plate.
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